Los yukis son uno de esos antojitos que muchos regios conocen desde la infancia, pero pocos saben que tienen origen japonés. Este postre helado llegó a Monterrey hace casi 100 años gracias a José María Kishiro Furukawa, un inmigrante japonés que encontró en el calor del norte la oportunidad perfecta para compartir un pedacito de su cultura.
Inspirados en el tradicional kakigori japonés, los yukis se preparan con hielo raspado y jarabes de sabores. Su nombre viene de la palabra japonesa “yuki”, que significa nieve, y con el paso de los años se convirtieron en una de las golosinas más icónicas de Nuevo León.
La historia japonesa detrás de los yukis regios
Todo comenzó en la década de los 30, cuando Kishiro Furukawa llegó a Monterrey con una de las primeras máquinas para rallar hielo en México. Instalado cerca de la Alameda Mariano Escobedo, empezó a vender estos refrescantes postres que rápidamente llamaron la atención entre los regiomontanos.
Aunque son muy parecidos a los tradicionales raspados mexicanos, los yukis conservaron parte de la esencia japonesa del kakigori. Su textura ligera y el hielo finamente rallado los hicieron diferentes a cualquier otro antojito de la época.
Con el tiempo, los yukis también se volvieron una fuente de trabajo para muchas familias japonesas que vivían en el norte del país. Hasta hoy, la familia Furukawa mantiene viva esta tradición que ya forma parte de la identidad cultural y gastronómica de Monterrey.
Un clásico para sobrevivir al calor regio
En una ciudad donde el calor puede sentirse extremo durante gran parte del año, los yukis se convirtieron en el remedio perfecto para refrescarse. Generaciones enteras crecieron visitando la Alameda para disfrutar este postre helado de sabores frutales.
Más allá de ser un simple raspado, los yukis representan una historia de migración, memoria y cocina compartida entre México y Japón. Un ejemplo de cómo las tradiciones viajan, evolucionan y terminan formando parte de la identidad de toda una ciudad.